Gloria Quintero Rojas

MUJER: UNA MIRADA AL PASADO UNA VISIÓN DEL PRESENTE

 

 

 

Gloria Eugenia Quintero R. [1]

 

Durante los últimos años la mujer viene siendo objeto de estudios por parte de investigadores inscritos en las diferentes disciplinas sociales; coloquios, seminarios, cursos universitarios, y demás formas de intercambio de conocimientos y difusión de resultados investigativos, aparecen dedicados a actualizar formulaciones teóricas, a diversificar la metodología de investigación y a ampliar el interés por el tema.  Gracias a esta situación se ha podido conocer el proceso histórico de la mujer para entender de qué manera los cambios de las sociedades contemporáneas -al menos en occidente-, la han sacado del ostracismo en que ésta se encontraba desde la antigüedad, relegada al espacio doméstico y siempre tras de bambalinas en la escena de la vida social.  Ahora la encontramos en los espacios públicos que habían sido privilegio del hombre, desempeñando actividades laborales, políticas y culturales.  Esto supone un cambio de mentalidad respecto a lo que de ella se dice, se piensa, se cree y se espera. En otros términos, lo que todos conocemos como “valores”. Los valores no son otra cosa más que las concepciones compartidas respecto al deber ser,

 … los valores proporcionan a las personas un conjunto de criterios comunes para efectuar      habituales decisiones, criterios que se incorporan a sus personalidades y forman parte de sus puntos de vista subjetivos”[2].

Así mismo, construyen modelos que los actores sociales se esfuerzan en alcanzar, que no son más que una imagen, un ideal, un querer ser.  En este mismo sentido, en historia se habla de las formas de pensamiento propias de una sociedad las cuales se expresan en las actitudes individuales y colectivas.

Se trata entonces del orden de lo imaginario, de las representaciones, de los símbolos.  Es justamente en el mundo de lo imaginario en el que se encuentran las explicaciones del entorno.  Son estas explicaciones adecuadas o no a la realidad, las que generan comportamientos, sentimientos de seguridad tendientes a justificar la realidad en la cual los hombres se encuentran inmersos.

Son también las representaciones las que clasifican a través de la historia -occidental en este caso-, el lugar que ocupan hombres y mujeres en la sociedad y esta clasificación ha ubicado a la mujer en un lugar secundario y, de alguna manera, menospreciado en su quehacer social.  Bajo esta mirada construida por la tradición judeocristiana, la mujer ha sido relegada al espacio doméstico independientemente de que su condición social la vincule al trabajo para su subsistencia y la de su familia.  Ser mujer en abstracto es ser madre y esposa, estas dos funciones van acompañadas de “valores”, tales como: sumisión, resignación, generosidad y debilidad.  Por otra parte, está la dependencia hacia el hombre quien, a su vez, ha sido caracterizado como el ser fuerte, racional, dominador, símbolo de la autoridad en el hogar y, además, el proveedor económico de la familia.

Estos modelos -un poco quebrantados-,  persisten en el imaginario popular, a pesar de no estar en  correspondencia directa con la realidad social del siglo XXI.  La nueva mujer está también vinculada al trabajo fuera del ámbito doméstico, contribuyendo con sus propios recursos a la economía del hogar, y con ello, ha dejado de estar confinada al espacio privado para “conquistar” lo público.

Pero aún hoy, se oyen expresiones de descontento por los espacios que la mujer, de una u otra forma, ha conquistado.  Aún hoy, se descalifica su habilidad para desempeñar los nuevos roles.  Aún hoy, se ridiculiza su posible destreza en trabajos relacionados con las habilidades masculinas.

Esto se explica en parte por el presupuesto teórico que las estructuras mentales son de larga duración y por tanto, la imagen de mujer predominante en Colombia, esta construida con base en postulados de doctrinas de vieja data y amplia permanencia en el tiempo, como las religiones judeo-cristianas.  Estos postulados, en principio, se advierten muy distantes de nuestra realidad social y cultural por corresponder a un modelo de pensamiento surgido en un espacio y un tiempo -Europa Medieval-, que en apariencia no tiene nada en común con el siglo actual.  Sin embargo, y pese al desconcierto, la indagación conduce a mostrar que el modelo de pensamiento cristiano continúa gravitando sobre las mentes de las personas y dando forma a patrones de comportamiento social.

Esta condición de inferioridad femenina, o si se prefiere, de desconocimiento de la mujer como ser autónomo sustentada por la moral religiosa cristiana se expresa en tres aspectos fundamentales de  la sociedad: lo civil, lo político y la  educación.

  1.           La condición civil de la mujer colombiana del siglo XIX- XXI

Hagamos un pequeño recorrido

Para fines del siglo XIX  y las dos primeras décadas del siglo XX, la condición social,  civil y política  de la mujer, era de un total desconocimiento como bien  lo dijo Doña Berta Hernández de Ospina 

“…a nosotras nos ponían en igualdad de condiciones con los dementes y los niños” [3]

Miremos algunas de las disposiciones del código civil colombiano en las cuales se reglamenta no solo la condición jurídica de la mujer, sino también su condición social;

La potestad marital, entendida como:

“el conjunto de derechos y obligaciones que las leyes conceden al marido sobre la persona y bienes de la mujer” [4].

La  mujer casada paso a depender económica y civilmente de su marido: no podía salir sin su autorización, no podía  manejar dinero, si trabajaba  el salario era administrado por su marido, si recibe herencia esta también es administrada por su esposo. No puede disponer de sus bienes incluyendo los de uso personal.  Esta obligada a seguir al marido donde quiera que este establezca su residencia.

Articulo 180 del Código Civil  “Por el hecho del matrimonio se contrae sociedad de bienes entre los cónyuges y toma el marido la administración de los de la mujer”

Articulo 181 del C.C. “Sin autorización escrita del marido, no puede la mujer casada parecer en juicio, por si, ni por procurador; sea demandando o defendiéndose”.

Articulo 182 del Código Civil. “No puede, sin autorización del marido celebrar contrato alguno ni desistir de un contrato anterior, ni remitir una deuda, ni aceptar o repudiar una donación, herencia o legado, ni adquirir titulo alguno oneroso o lucrativo, ni enajenar hipotecar o empeñar”

En 1914 Ricardo Uribe, en su tesis para obtener el titulo de abogado en la Universidad de Antioquía, planteo refiriéndose a la condición jurídica la mujer colombiana:

“… La legislación pesa sobre ella como una espada. Muchos  de los códigos modernos siguen considerándola como el derecho de Roma.  En los países latinos especialmente.  Puede decirse que la mujer no es persona, en la acepción jurídica del vocablo…”[5].

Indudablemente  esta supeditación convirtió a la mujer en incapaz y por consiguiente,  su vida se encauzo  a buscar un marido no solo que le “garantizara” un sustento, sino también que le permitiera un reconocimiento social -puesto que la mujer se definía a partir del hombre -; pero obviamente no todas lograban casarse, y la situación en que las mujeres quedaban no era la mas ventajosa.

La diferencia en el tratamiento civil de la mujer era tal, que en las causales de divorcio, lo que hoy llamamos infidelidad, para las primeras décadas del siglo XX  recibía el nombre de adulterio en la mujer, definiéndose como el hecho de sostener una relación sexual esporádica con un hombre distinto al marido.  El adulterio atentaba contra el honor del hombre, llámese Marido, padre o hermano. Mientras que la infidelidad masculina solo es causal de divorcio si se establecía una unión permanente con otra mujer y recibía el nombre de amancebamiento. Hasta  1936 el adulterio fue considerado un delito penal, y el homicidio cometido por el varón – ya sea el marido o el padre -, al sorprender a la mujer en acto carnal o preparatorio de este, era considerado inculpable.

En las disposiciones sobre las obligaciones y derechos de los cónyuges se observaba que de 16 artículos, 10 versan sobre las obligaciones de la mujer. De acuerdo al código, el marido “debe protección a la mujer “ y a  su vez,  “la mujer debe obediencia a su marido”.  Bajo estos parámetros, el decreto 1003 de 1939 obligo a la mujer casada a tomar el apellido del marido precedido de la preposición “de”, lo cual señala propiedad.

A partir de la segunda década del siglo veinte, si inicio un largo y por demás lento proceso de reconocimiento jurídico de la mujer:

Con  la ley 8a de 1922, se le otorgo a la mujer casada  el derecho a administrar sus bienes de uso personal;

La Ley 128 de 1928 la autorizo a disponer de los dineros depositados en las cajas de ahorro.

 Los gobiernos liberales de los años treinta, que se iniciaron con Olaya Herrera, inician también  un proceso de laicización y de promoción social que incluye la mujer.

 En  1931 la ley 83  estatuía que la mujer casada, independientemente de que estuviera o no separada, podía recibir directamente el pago de sus sueldos y salarios, y administrarlos directamente sin intermediación de representante legal.

En 1932 la ley 28 expedida en noviembre y puesta en vigencia en enero del año siguiente, elimino la figura de la potestad marital en cuanto a la administración de sus bienes y la faculto para representarse a si misma. Es decir, la ley  consagro: la libre administración y disposición de los bienes pertenecientes a cada uno de los cónyuges al momento de la celebración del matrimonio, y de los adquiridos durante su vigencia; la responsabilidad de cada cónyuge en las deudas personales y la solidaridad ante terceros por las deudas contraídas para satisfacer las necesidades domesticas; dio libertad a la mujer casada para comparecer en juicio y finalmente, elimino la autorización marital para el manejo de sus bienes.

Solo hasta 1970  el Decreto 1260 que regula el estado civil de las personas, suprimió la obligación para la mujer casada  de usar el apellido del marido precedido de la partícula “de”

En 1974 el Presiente Alfonso Lopez Michelsen firmo el Decreto 2820 denominado Estatuto de la Igualdad Jurídica  entre los sexos, eliminó definitivamente la potestad marital  – que daba a la mujer la calidad de menor de edad -, al suprimir la diferencia que existía para conceder la separación de cuerpos en el matrimonio y otorgar responsabilidad a ambos cónyuges en la administración del hogar y el manejo de los hijos

“el marido y la mujer tienen conjuntamente la dirección del hogar y de los hijos así, el sometimiento y obediencia de la mujer casada desaparecen y se consagra la obligación conjunta de los cónyuges de socorrerse y ayudarse mutuamente añadiendo que la residencia de la pareja es una decisión conjunta”[6].

No podemos pasar por alto que al reconocer la igualdad jurídica de la mujer no solo se le reconocieron derechos, sino también responsabilidades. Es  decir, el mismo decreto reglamenta que la pareja como tal, será responsable  por igual, del sostenimiento del hogar, según las capacidades y preparación de cada uno.

A partir de 1974, el hombre fue liberado del papel  de proveedor del hogar que le había sido asignado por la tradición judeocristiana.

A partir de  1974 con el decreto 2820 la mujer podía salir de su confinamiento en el espacio domestico al espacio publico,  predominantemente masculino.

A partir de dicho decreto, la consabida sumisión y  obediencia  que la mujer le debía al hombre según los preceptos religiosos, quedaban abolidos.

En otros términos,  por decreto se borraban años, siglos de subordinación, de dependencia, de superioridad  y por consiguiente de inferioridad. Pero, las formas de pensamiento, lo que anteriormente denomine mentalidades, no cambian por decreto.   Esto es lo que en historia se denomina procesos de larga duración.  y en leguaje coloquial, de lo que se esta hablando  es del MACHISMO.

Por la concepción MACHISTA, afirma  Berta Hernández de Ospina en una entrevista concedida a la profesora e investigadora Beatriz Vélez en 1989, su marido Mariano Ospina Perez siendo presidente de la república (1946-1950), no concedido los derechos políticos a las mujeres.

Por machismo es que en 1952 un profesor de química responde a la pregunta de su alumna María    Teresa Arizabaleta (quien después será arquitecta de la Universidad del Valle)

“¿Por qué nos puso los problemas mas fáciles a nosotras y los mas difíciles a los hombres?… ¡Ve chica, porque tu no tendrás que sostener la casa!”[7]

María Teresa Arizabaleta quien se define como feminista, cuenta como la concepción machistaafectaba a su marido quien tenia que sufrir las burlas de sus conocidos

“…no quiere ir a reuniones porque  en estas, se acerca un señor y le dice: me puede conseguir una cita con su señora que mi mujer me esta maltratando. Salgo yo de dictar una conferencia y le dicen a mi marido: lo felicito pero no lo envidio. Son frases solas pero hacen un daño  terrible”[8].

Estas formas de pensamiento que permanecen ancladas en el tiempo, completamente desfasadas de las realidades: económicas, culturales y sociales son las que explican el porque se siguió y se sigue  legislando sobre “la discriminación contra la mujer”.

 

LEY 51 DE 1981

(Junio 2)

Reglamentada por el Decreto Nacional 1398 de 1990 

“Por medio de la cual se aprueba la “Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer”, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 18 de diciembre de 1979 y firmada en Copenhague el 17 de julio de 1980″.

Considerando que los Estados Partes en los Pactos Internacionales de Derechos Humanos tienen la obligación de garantizar al hombre y la mujer la igualdad en el goce de todos los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos,

Preocupados, sin embargo, al comprobar que a pesar de estos diversos instrumentos las mujeres siguen siendo objeto de importantes discriminaciones, Recordando que la discriminación contra la mujer viola los principios de la igualdad de derechos y del respeto de la dignidad humana, que dificulta la participación de la mujer, en las mismas condiciones que el hombre, en la vida política, social, económica y cultural de su país, que constituye un obstáculo para el aumento del bienestar de la sociedad y de la familia y que entorpece el pleno desarrollo de las posibilidades de la mujer para prestar servicio a su país y a la humanidad,

ARTÍCULO 1°.

A los efectos de la presente Convención, la expresión “discriminación contra la mujer” denotará toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera.

ARTÍCULO 2°.

Los Estados Partes condenan la discriminación contra la mujer en todas sus formas, convienen en seguir, por todos los medios apropiados y sin dilaciones, una política encaminada a eliminar la discriminación contra la mujer y, con tal objeto, se comprometen a:..

Ley 581 de 2000

La Ley de cuotas

Por medio de la cual se dispone que el 30% de los  altos cargos públicos deben ser ejercidos por mujeres. La ley reglamenta la participación de la mujer en los niveles de decisión de las diferentes ramas del poder publico tanto a nivel nacional como a nivel departamental, regional, provincial, distrital y municipal…

Este tipo de leyes se expide conforme a los lineamentos de la IV conferencia mundial para las mujeres de 1955 que se aclaro que aclaro que los lineamientos deben tomar medidas temporales que estén encaminadas a apresurar la igualdad entre los hombres y las mujeres.

Santos sanciono Ley que acaba con la discriminación salarial
de las mujeres
por elespectador.com

El presidente Juan Manuel Santos sanciono este miércoles la ley que acaba con la discriminación salarial de las mujeres. Indico que de acuerdo con los estudios del caso, el años pasado las mujeres ganaban en promedio 20 por ciento menos de salario que los hombres

“Acabo de sancionar la Ley a través de la cual se elimina la discriminación que hoy existe contra las mujeres en materia salarial. Los estudios nos indican que a igual trabajo en el país, el año pasado, las mueres estaban ganando en promedio 20 por ciento menos y eso lo vamos a eliminar de tajo… La discriminación en Colombia ya se castiga”

  Si usted es mujer y gana menos que un colega hombre que tiene el mismo cargo, o es indígena y por serlo, le impiden el acceso a subsidios del Estado, o es afrocolombiano y le niegan un trabajo por el color de su piel, ahora puede denunciar penalmente al autor de esa discriminación.

¿En qué situaciones se estaría violando esta Ley?

Cuando los empleadores deciden descartar de entrevistas laborales a alguien por cualquiera de las razones mencionadas, o se pruebe que en el retiro laboral influyó alguna de las situaciones discriminatorias. También opera la Ley cuando no se le permite a una persona el ingreso a discotecas, teatros, centros de convenciones o bien, sea víctima de una agresión física en sitios públicos o privados.

Una investigación realizada en el año 2011 por los investigadores Fabio Sánchez y Jairo Núñez de la universidad de los Andes y publicada en noticias.elempleo.com, plantea cifras interesantes respecto al espacio laboral que la mujer ha ido ganando en relación a su cualificación y por consiguiente  sus ingresos,

“ las cifras hablan por si solas. Las Mujeres han venido preparándose y cada vez en  mayor proporción que los hombres (en los últimos 20 años, la mujer aumento en 2.8 años el promedio de estudios, mientras que los hombres lo hicieron en 1.2 años ) y las diferencias de salario se han ido cerrando de manera acelerada…los ingresos laborales de la mujer han aumentado generación tras generación. Para la generación de mujeres universitarias nacidas en los años 40, los hombres ganan hasta dos veces mas que ellas. Luego, para las que nacieron en los años 50 la diferencia es que los hombres ganan 1.4 veces mas.

Lo más interesante de todo es que, hoy la brecha es casi inexistente. Al mirar los ingresos de los hombres y mujeres nacidos en la década de los 70 la diferencia es casi nula. El estudio de Sánchez muestra que los hombres apenas ganan el 10% más que las mujeres de la misma edad y educación universitaria”.

Sin embargo, hay otras variables que tambien afectan la diferencia salarial y que no pueden desconocerse, por ejemplo: si se refiere al sector publico o al privado, el nivel de educación, la región si esta es urbana o rural  e incluso hay diferencias si se trata de ciudades  capitales o secundarias.  Al respecto se puede consultar   http://www.banrep.gov.co/documentos/publicaciones/regional/documentos/DTSER-131.pdf

 


[1] Socióloga. Magister en Historia. Profesora Asociada, jubilada. Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín.

[2] JOHNSON, Benton.  Introducción a la sociología funcionalista de Talcott Parsons.  Bogotá: Tercer Mundo, 1979, p. 37.

[3] Hernández de Ospina, Bertha. Citada en Ospina, María clara.  Doña Bertha. Santafé de Bogotá: Planeta Colombiana. 1998, p. 182

[4]  Velasquez Toro, Magdala.  Condición jurídica y Social de la mujer.  En la Nueva Historia de Colombia, editoiral Planeta Colombia, 1989 tomo IV pag 10

[5] Uribe Escobar, Ricardo.  Notas Feministas.  Tesis de Grado de Derecho de la U de A. tipografía Industrial pags  9 y 34. Folleto localizado en la B.P.P.

[6] De los Ríos, Gloria.  Condición Jurídica de las mujeres.  En  Las Mujeres en la historia de Colombia.  Editorial Norma,  Bogotá 1995 tomo I pag  422 y siguientes

[7] Entrevista  a Maria Teresa Arizabaleta 1993 .  En: Vélez, Cifuentes. Beatriz: Las mujeres en el tablero político colombiano.  Gobernación de Antioquia, Medellín. Noviembre 2007 p 154

[8] Ídem p 166

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