Gloria Quintero Rojas

EL CONCEPTO DE ESTRUCTURA DE ALTHUSSER A DUBY

 

 

Gloria Eugenia Quintero R. *

 

Realmente el titulo es ambicioso puesto que no estoy en capacidad de hacer un recorrido exhaustivo de los diferentes tratamientos que se le han dado al  concepto de estructura; sin embargo pretendo señalar como este concepto que desde el marxismo se utilizo para dar cuenta del objeto de estudio de las ciencias sociales, a pesar de haber entrado en desuso, continua siendo valido  en los nuevos tratamientos de la historia.

 Lo social entendido como una totalidad articulada a la que en ocasiones se le ha dado  primacía al aspecto económico,  en otras al ideológico, para finalmente romper con esa necesidad de buscar determinaciones y entenderlo en su complejidad sin relaciones de causalidad. Partiendo de que por definición la historia es el estudio del movimiento, del cambio de las sociedades, la pregunta ha sido:  ¿ que determina el cambio?, las respuestas han sido múltiples: los hombres individualmente considerados; las masas; la lucha de clases; lo económico, o si se prefiere, las condiciones materiales de existencia;  la o las ideologías; finalmente una posición ecléctica, la cual toma en cuenta todos los elementos anteriores, sin dar preponderancia a uno de ellos. Veamos algunos de los planteamientos de Althusser con los cuales trata de romper la mañida frase: “ lo determinante en ultima instancia es lo económico”. Dice Althusser, que mientras el modelo hegeliano plantea una unidad simple originaria que se desarrolla, es decir  una esencia;  la unidad marxista es compleja,  estructurada y dominante.  Si bien  es cierto la idea de matriz hegeliana queda abolida, se introduce el complicado esquema de relaciones de dominación y sobredeterminación; de infraestructura y superestructura; de una totalidad articulada, en la cual se presentan relaciones desiguales entre el todo y las partes que lo componen

Louis  Althusser

“ A ello se debe que la complejidad implique    la dominación como esencial a si misma: está inscrita en su estructura.  Afirmar que la unidad no es, no puede ser, la unidad de la esencia simple originaria y universal, no significa, por lo tanto…sacrificar la unidad sobre el altar del pluralismo.  Es afirmar una cosa totalmente diferente: que la unidad de la que habla el marxismo es la unidad de la complejidad misma, que el modo de organización y de articulación de  la complejidad constituye precisamente su unidad.  Es afirmar que el todo complejo posee la unidad de una estructura articulada dominante ”[1]

Althusser no rompe con la concepción de dominación de lo económico, lo que logra es plantear que esta dominación no es lineal, ni mecánica; que es una entramada red de relaciones entre una estructura dominante  que en el juego de relaciones con las otras instancias presenta mutaciones,  lo que él denomina “desplazamiento de la dominación y condensaciones de las contradicciones” Esta dominación  se constituye en el problema a resolver.  En el fondo es una antigua pelea entre  materialismo e idealismo; una disputa por la primacía, por la hegemonía, yo diría por el “poder”; porque si bien es cierto se habla de estructura ya sea a la manera “arquitectónica  u orgánica”,  en esa estructura se busca un factor dominante, un elemento que aglutine o porque no decirlo, que sirva no solo de elemento cohesionador de la totalidad, sino también de elemento jalonador del cambio. Porque para el materialismo lo que importa es la relación entre la concepción teórica  y  el compromiso político.

“Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo”.[2]

Esta dominación del mundo material sobre el mundo de las ideas o mejor aún, sobre las representaciones mentales, se ve también en la teoría del reflejo que aparece con  Lenin,  bajo el planteamiento de que, lo conocido es anterior al conocimiento y lo conocido es independiente del conocimiento, es decir la relación sujeto – objeto; un sujeto que observa un objeto externo a él.  La vieja concepción aristotélica en la cual, el conocimiento esta supeditado al objeto conocido. El planteamiento inicial de Lenin da un viraje cuando introduce los conceptos de: proceso y  devenir “…el devenir del universo se refleja en otro, el proceso de desarrollo de los conceptos”[3] Apesar de los esfuerzos, se mantiene la idea del reflejo, la de anterioridad del objeto al conocimiento y lo que a mi juicio es muy significativo, la dependencia de los conceptos al devenir del universo.  Según eso, los procesos de lo que podríamos llamar el mundo “ real”, “ material”, condicionan los procesos de conocimiento. Para Zuleta, el  problema de este planteamiento radica en colocar ambos procesos frente a frente, en la pareja anteriormente citada de observador y observado, o para utilizar sus términos, espectador – espectáculo.   Pero la solución que Zuleta da,  sigue siendo confusa:

zuleta    “… porque el verdadero problema                      es que el uno, el  proceso de    pensamiento es un producto del otro,  el proceso general de desarrollo del universo. Además, el proceso de pensamiento producido e incluido en el otro .”[4] 

Hasta aquí, entiendo que el conocimiento solo se genera a partir de un proceso externo a él;  lo cual entiendo, continua con la relación de dependencia del conocimiento a una exterioridad, al  mundo real.  Claro esta, que ya no en términos de reflejo, sino como la fuerza impulsora que genera el proceso ya autónomo de conocimiento.  Vemos aquí,  la sustitución de la teoría del reflejo por la de la causa  inicial.

“ Uno no puede pensar el pensamiento como el espectador de un acto. Lo tiene que pensar fuera de toda metáfora de expectación y de espectáculo, como producto del devenir de la sociedad, del lenguaje y de una serie de historias reales * que no se pueden despachar con la declaración de garantía de anterioridad y de independencia”[5]

Sino entiendo mal, el pensamiento es “el efecto” de un proceso que esta por fuera de él, y una vez  iniciado adquiere su propia dinámica; pero aun así, sigue siendo un “producto”, un resultado de un mundo “real”.

 “ El materialismo debe ir más allá de una garantía metafísica, debe aprender a ver el conocimiento como producto y no solamente como posterior, el espectador posterior a su espectáculo,  espectador del que su espectáculo no depende para existir sino que además es producto de su espectáculo”.[6]

En su critica a la teoría del reflejo, Zuleta le da al conocimiento  un carácter activo, pero dependiente del mundo tangible,

   “Todo el materialismo anterior a Marx para poder hacer del conocimiento algo posterior al objeto conocido y del objeto conocido algo independiente de su conocimiento, hace del conocimiento un fenómeno pasivo, un fenómeno de registro.  El conocimiento registra el objeto como una huella, como una cera marcada por algo, o como un reflejo; pero sea reflejo, registro, conservación o acumulación de información, siempre se vuelve al empirismo es decir a la concepción del conocimiento como pasividad y no como una determinada actividad condicionada materialmente[7]  

 P. Vilar por su parte, entiende que no es posible hacer ningún tipo de análisis sin recurrir al método estructural.

Pierre Vilar“La ciencia es la adecuación  -en continuo progreso- de la imagen construida que nos hacemos de la realidad misma.  Claro está que la realidad no es cada objeto concreto.  Es el conjunto de las características fundamentales de un determinado tipo de objeto, y el conocimiento «estructural» del conjunto nos permitirá manejar mejor cualquier objeto de este tipo, por comparación con el modelo ideal.”[8]

Ahora bien, la investigación  historia que él define como,

“ los mecanismos que vinculan la sucesión de los acontecimientos a la dinámica de las estructuras -estructuras de los hechos sociales, por supuesto-”[9],

debe integrar en la elaboración  del modelo estructural, tanto los elementos materiales como los de las representaciones del pensamiento

“Y es que en realidad el problema que se plantea a la historia no es el de las infraestructuras por un lado y el de las sobrestructuras por el otro, sino el de las relaciones estructurales entre los dos niveles diferenciados, teniendo en cuenta que cualquier esfuerzo (y  hoy en día abundan) que tienda a justificar la separación, en el análisis histórico, entre los diversos «niveles» de la estructura global, bajo el pretexto de la evidente autonomía relativa de estos niveles, constituye en realidad un retorno cómodo a los viejos hábitos que diferenciaban «la historia económica», «la historia de las ideas», «la historia política», «la historia del arte», etc.” [10]

De acuerdo a lo anterior, Vilar esta abogando por una historia global en el mismo sentido en que lo hace Fontana al criticar lo que este ultimo denomina la fragmentación del objeto de estudio de la historia; sin embargo a diferencia de Fontana,  ve validas en algunos casos las especializaciones, los análisis parciales, pero insiste en la necesidad de pensar globalmente la historia, tomando en consideración todas sus relaciones estructurales que dicho sea de paso, son relaciones en movimiento. Lo que importa al historiador son las innovaciones y no las permanencias; de ahí que las estructuras no puedan ser rígidas, ni estáticas. Vilar no habla   de determinaciones, sino de relaciones entre los diferentes niveles. Para él, el mejor modelo de estructura es el de “modo de producción”, elaborado por Marx, puesto  que expresa una realidad social global en sus múltiples relaciones, sin entrar  a replantear la determinación económica tan claramente planteada por Marx en el siguiente texto

 “El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se eleva un edificio jurídico y político y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso de la vida social, política y espiritual en general.  No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”:[11]

Con Braudel el concepto de estructura esta vinculado al tiempo de la historia, al valor que él le asigna al “tiempo de larga duración” en el cual se encuentran las permanencias de tipo ambiental, cultural, económico; los rasgos inmutables que señalan las continuidades.

Braudel“Los observadores de lo social entienden por estructura una organización, una coherencia, unas relaciones suficientemente fijas entre realidades y masas sociales. Para nosotros, los historiadores, una estructura es indudablemente un ensamblaje, una arquitectura; pero, más aún, una realidad que el tiempo tarda enormemente en desgastar y en transportar.  Ciertas estructuras están dotadas de tan larga vida que se convierten en elementos estables de una infinidad de generaciones: obstruyen la historia, la entorpecen y, por tanto, determinan su transcurrir. Otras, por el contrario, se desintegran más rápidamente.  Pero todas ellas, constituyen, al mismo tiempo, sostenes y obstáculos”.[12]

Este tiempo así considerado parecería contrario al objeto de la historia, de hecho en los planteamientos de Vilar anteriormente anotados, se señalo que lo que debe interesar a la historia son los cambios y no las permanencias. Entonces  ¿ como entiende Braudel este estatismo contrario por definición al objeto de estudio de la historia ?

“ Entre los diferentes tiempos de la historia, la larga duración se presenta, pues, como un personaje embarazoso, complejo, con frecuencia inédito… Para el historiador, aceptarla equivale a prestarse a un cambio de estilo, de actitud, a una inversión de pensamiento, a una nueva concepción de lo social.  Equivale a familiarizarse con un tiempo frenado, a veces incluso en el limite de lo móvil .  Es lícito desprenderse en este nivel, pero no en  otro… del tiempo exigente de la historia, salirse de él para volver a él más tarde pero con otros ojos, cargados con otras inquietudes, con otras preguntas.  La totalidad de la historia puede, en todo caso, ser replanteada como a partir de una infraestructura en relación a estas capas de historia lenta. Todos los niveles, todos los miles de niveles, todas las miles de fragmentaciones del tiempo de la historia, se comprenden a partir de esta profundidad, de esta semiinmovilidad  todo gravita en torno a ella”.[13]

Para Braudel también es indispensable la utilización de modelos, la explicación  general  a partir de la construcción teórica.  El modelo es una herramienta, que bien sabemos no se puede confundir con la realidad; en el se expresan si bien es cierto las permanencias, también lo es, que estas permanencias van  acompañadas por lo que Vilar denomino: las innovaciones, lo que no es posible “alinear” en el orden estructural construido por el historiador. Son justamente estas variaciones las que permiten dar cuenta de las particularidades sociales, porque no decirlo, “de una formación social determinada”, que supone en el lenguaje histórico actual, un tiempo, un espacio. Ese espacio  que Braudel resalta, y que  tanto Vilar como Burke le critican, porque leen en sus planteamientos,  una determinación geográfica.

  “Más allá del recitativo coyuntural, la historia estructural o de larga duración, encausa siglos enteros: se encuentra en el limite de lo móvil y de lo inmóvil; y, por sus valores muy prolongadamente fijos, aparece como un invariante frente a las otras historias, más raudas en transcurrir y en realizarse y que, en suma, gravitan en torno a ella”.[14]

La estructura así planteada no contiene determinaciones previas, de lo que se trata es de relaciones, de lograr “englobar” el mayor numero posible de aspectos de lo social; o si se prefiere, el conjunto, la totalidad de lo social,  lo que permanece pero en el juego de sus relaciones con los acontecimientos, con las coyunturas, es decir con lo que él mismo ha denominado la corta y mediana duración.

En G. Duby, encontramos nuevamente el concepto de estructura, pero en él de una manera mas clara, se rompe con el fantasma de la determinación. Nos habla de una totalidad que supone unas relaciones de reciprocidad entre las condiciones materiales y las ideológicas; al igual que Althusser, que Vilar y Braudel, reconoce ritmos diferentes entre lo que se había denominado infraestructura y superestructura, y ahora el denomina: estructuras materiales y mentalidades colectivas.

duby  “Una de las principales tareas que recaen hoy, pues, sobre las ciencias del hombre es la de medir, en el seno de una totalidad indisociable de acciones reciprocas, la presión respectiva de las condiciones económicas, por una parte, y, por otra, del conjunto de convenciones y preceptos morales, con sus correspondientes prohibiciones y vías de perfeccionamiento….los sistemas de valores no son inmutables.  Por el contrario, poseen una historia propia cuyo ritmo y fases no coinciden con el de la historia de los poblamientos y de los modos de producción.  Y es precisamente a través de esas discordancias como pueden discernirse con mayor nitidez las correlaciones entre las estructuras materiales y las mentalidades colectivas. Con ello, se abre un amplísimo campo de investigación sin el cual no podría escribirse la historia de las sociedades”.[15]

De igual manera que Vilar insistía en una visión global de la investigación histórica, Duby insiste en que esa historia globalizante no es posible sino se equipara la importancia que suele darse a los fenómenos económicos y demográficos, con los fenómenos mentales.

  “Pues los hombres no regulan su conducta en función de su situación real, sino de la imagen que de ésta tienen, imagen que jamas es un fiel reflejo de la realidad.  De ahí el esfuerzo de los hombres por conformar su conducta a unos modelos de comportamiento fruto de una cultura determinada  y que, a lo largo del devenir histórico, no siempre se ajustan a las realidades materiales”.[16]

Al igual que Althusser, entiende la ideología como formas de representación, si se quiere, como imágenes explicativas del entorno, las cuales  generan comportamientos, sentimientos de seguridad tendientes a justificar la realidad en la cual los hombres se encuentran inmersos.

   “Siguiendo a Althusser, entendamos por ideología un sistema (que posee un rigor y una lógica propios) de representaciones (imágenes, mitos, ideas o conceptos, según los casos) dotado de una existencia y de una función histórica en el seno de una sociedad”.[17]

Duby hace un reiterativo llamado a que no se pierda de vista que las estructuras mentales hacen parte de una realidad social compuesta por una gran variedad de elementos y que alejándola de ellos, lo que se genera son grandes desviaciones  históricas; pero que además, no se debe atribuir a estas mucha importancia para no caer en la determinación temida por Fontana, de hacer de las mentalidades

  “el motor fundamental de la historia, lo que equivale a repetir los mismos errores de enfoque mecanicista del pasado”. [18]

* Magíster en  Historia, profesora asociada Universidad Nacional de Colombia sede de Medellín
[1]  Althusser, Luis.  La Revolución Teórica de Marx.  Editorial siglo XXI, México 1974  pag 167 [2] Marx, Carlos.  VI Tesis sobre Feuerbach, en  Comentarios a la introducción general de la critica de la economía  política  de Zuleta
[3] Zuleta, Estanislao. Sobre la teoría del reflejo. en Comentarios a la introducción general de la critica de la economía política de Carlos Marx.  Editorial Carreta, Bogotá 1977. pag 141.
[4] ibid 142
* El subrayado es mío [5] Zuleta, op-cit  pag 142
[6] Ibid pag 144
* El subrayado es mio [7] Zueleta op-cit  pag 146 [8] Vilar, Pierre.  Estructura, en Iniciación al vocabulario del análisis histórico. editorial CRITICA, Barcelona 1982, pag 53
[9] Ibid pag 51
[10] Ibid pag 59
[11] Marx, C.  Prologo a la contribución a la critica de la economía política. Cuadernos de Pasado y Presente, Argentina 1971
[12] Braudel , F.  La larga duración, en La historia y las ciencias sociales.  Alianza Editorial Madrid  1980,  pag  70
[13] Ibid, pag  74
[14] Ibid, pag  123
[15] Duby, G.  Historia Social e Ideología de las Sociedades. Editorial Anagrama, Barcelona 1976. Pag  84
[16] Ibid, pag  82.
[17] Ibid, pag  85
[18] Fontana, J.  La Historia después de la Historia.  Editorial Critica Barcelona  1992, pag  105
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Esta entrada fue publicada en marzo 7, 2013 por .
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