Gloria Quintero Rojas

GEORGE DUBY Y LA HISTORIA

Gloria Eugenia  Quintero R*

 “Ser escritor, para un historiador,  es pertenecer a la vez, completamente a su tiempo y a aquel del cual habla, es ser el más moderno y el más actual en el momento en el que menos lo quiere. Lo que hace escritor a Duby no es que sea historiador, que tenga también estilo; es que con él, si me arriesgo a decirlo, casi a pesar suyo, la historia, nuestra historia, ha encontrado su estilo. Actualmente es él el que nos habla y a través del cual la Edad Media nos habla de la mejor manera, y es él  el que nos habla de ella en los términos de nuestra época” [1]

  1. Reseña Biográfica.

 Nació en Paris en el año de 1919  en el seno de una familia de artesanos textiles. Estudio en Paris, Lyón y Aix, su maestro fue Charles Edmond Perrin quien lo oriento hacia los archivos de la abadía de Cluny,  de donde surgieron sus primeros trabajos y el tema de su tesis sobre la sociedad de los siglos XI y XII en la región maconnaise, en 1953

En 1942 es catedrático de la universidad de Lyón de donde pasa a Besançon y posteriormente a Aix en Provence, donde crea un centro medievalista que alcanzo gran prestigio.

En 1970 fue elegido para integrar el Colegio de  Francia con la cátedra de historia de las sociedades medievales que mantuvo hasta el año 1992.

En 1974, entro a  la academia de Inscripciones y Bellas Letras;  En 1987 a la academia francesa, presidio la cadena cultural franco alemana.

En 1980 produjo para la televisión Tiempo de Catedrales  en nueve emisiones dirigida por R. Stephane y R Darbois. De esta serie  dice el historiador chileno Luis Rojas.

“En ella Duby se esforzó con delicadeza, con fuerza expresiva, con ese francés dulce y diáfano que puede apreciarse al mirar ese documental  extraordinario, justo medio  entre lenguaje para publico amplio y rigor científico…  Su propósito, según me lo hacia ver en una de sus cartas, era ayudar al gran publico francés de la TV a comprender lo que habían sido las grandes creaciones del arte medieval. La calidad de la imagen, pero sobre todo el texto, merecen palabras laudatorias”[2]

En una entrevista realizada a Duby por Jean- Jacques Brochier y Michel Pierre, Duby amplia su posición respecto a lo que se ha llamado vulgarización de la historia, es decir, el que la historia pueda estar dirigida a un publico amplio sin que pierda rigurosidad.

 “El contacto con el gran publico es deseable. La historia no gana nada al   ser escrita únicamente por profesionales: el historiador no gana nada escribiendo únicamente para sus colegas y sus alumnos. A partir del momento en el que se estima que la historia debe servir para una comprensión lucida del presente, es necesario expandir su saber lo mas ampliamente posible utilizando todos los medios: las ediciones, la televisión, el cine. Con la condición de evitar toda complacencia. Permanecer en un nivel de discurso que conserve la nobleza del saber histórico, es decir su complejidad, es hacerle un honor a su publico. Y este no huye frente a estas dificultades… el historiador no debe dudar en darle al gran publico lo mejor de su ciencia, a pesar de que el discurso sea arduo. Debe presentar lo que es fundamental, dejar la pequeña historia en su insignificación, tratar de mostrar la verdad del pasado, hacer entender lo que la gente tenia en la mente en un momento histórico. Es esa historia la que es importante, la que fue renovada hace treinta o cuarenta años por la  Esuela de los AnnalesY, cada vez mas, esa historia tiene éxito, así como también la arqueología y la etnología”[3] .

Duby es reconocido en la comunidad histórica como

“…uno de los pilares de la escuela histórica francesa, un especialista inigualable de la Edad Media, un modesto y generoso erudito que supo comunicar al publico no especializado su pasión por una época poco conocida y tachada de austera.

Fue un medievalista maravilloso que sabía también sensibilizar al público no especializado sobre los encantos remotos de los siglos XI y XII… Hasta  el final, Georges Duby habrá ayudado a comprender la Edad Media, a disipar las tinieblas, a aclarar el espacio social y los fenómenos de mentalidades, pero además, a sondear el cuerpo y el alma del constructor de catedrales, de la dama cortejada, del caballero errante, del clérigo erudito, del vasallo campesino, identificando a la vez todo aquello que podía expresar modernidad. Nos habrá enseñado que por muy alejadas que estén aquellas almas muertas, arrancadas por fin de los retablos y de las iluminaciones que conservan su memoria, aun tenia cosas que decirnos”[4].

Entendió su oficio de historiador como una pasión recorrida por la imaginación  y le imprimió un estilo literario que no lo alejó de la rigurosidad exigida por  la investigación histórica. Reacuérdese, que la historia como disciplina no esta dada, se construye con cada paso que da la técnica, esa técnica que nos permite interrogar, como dijo Bloch, los datos, para obtener las respuestas requeridas por el investigador del pasado, pero ahí donde no hay respuestas, el historiador debe cumplir su papel, debe llenar el vació, debe recurrir  a su ingenio.

 “… la buena historia debe ser apasionada, calentada por el calor del alma de quien la hace. El historiador debe darse verdadera y personalmente, dar de su propia vida, si quiere llenar las lagunas de la información y dotar de carne al esqueleto desencajado que constituyen los vestigios de todas clases…   la historia es una pasión, ella debe ayudar a los hombres a conducir mejor su vida. En el taller donde fabrico la historia, oigo cuando se bruñen los instrumentos propios para ayudar a mis contemporáneos a gobernarse en el tiempo. Hacer historia solo tiene un sentido si ella permite aferrarse mejor al presente, controlar mejor la masa de informaciones que nos acosa, criticar, desmitificar no dejarse llevar tan fácilmente por los dogmatismos. La historia debe ser pasión e instrumento de inteligencia…

Es trabajando la expresión como el historiador puede trasmitir un poco su emoción y la vida que trata de reconstruir. No se trata  sin embargo de sacrificarse por los gustos del publico sino de seducirlo con una manera de expresarse, un estilo que no puede ser el mismo según el tema… siempre siento la necesidad de dar ritmos, músicas diferentes a los textos que escribo y de dejar allí las fisuras por las cuales la imaginación del que me lee reemplacé la mía”[5].

Recibió distinciones como la Legión d’Honneur, el doctorado honoris causa de la universidad de  Oxford

Murió en Paris en 1996 a la edad de setenta y siete años, después de padecer por algunos años un larga enfermedad, sus funerales se realizaron en Tholonet, cerca de Aix.

2.  Los Annales

 A Duby se le inscribe en la hoy “deteriorada” escuela de los Annales, mas aún, hace parte de la tercera generación de Annales.

Como  es de todos conocido, la primera generación la formaron Marc Bloch y Lucian Febvre, crearon la revista de Annales en  1920[6] inauguraron así, la llamada Nueva Historia que se separo de la historia acontecimental, de la historia que daba cuenta solo de los grandes acontecimientos, de los procesos políticos, de los movimientos de masas es decir de una historia cuya mirada pasaba por el análisis marxista.

  “Según el paradigma tradicional el objeto esencial de la historia es la política. De acuerdo con la concluyente frase victoriana de sir John Seeley, catedrático regio de historia en Cambridge, la historia es la política del pasado; la política es la historia del presente. Se suponía que la política se interesaba fundamentalmente por el Estado… Sin embargo, también incluía la historia de la iglesia en cuanto institución y lo que el teórico militar Kart von Clausewitz definía como la continuación de la política por otros medios, es decir, la guerra. Aunque el paradigma tradicional no  excluyera  del  todo otros tipos   de historia  -como, por ejemplo, la historia del arte o la de la ciencia-, eran relegados en el sentido de considerarlos periféricos a los intereses de los auténticos historiadores.

La nueva historia por su parte, ha acabado interesándose por casi cualquier actividad humana. Todo tiene una historia, escribía en cierta ocasión el científico J..B..S. Haldane; es decir, todo tiene un pasado que, en principio, puede reconstruirse y relacionarse con el resto del pasado”[7].

Según el planteamiento anterior, hay multiplicidad de historias a la par de las múltiples actividades humanas. Esto es lo que se ha llamado la fragmentación del objeto de la historia: historia del clima, del gusto, de la niñez, de la muerte, de la religión, de las mujeres, de la familia; o si se prefiere: historia de las mentalidades, de la ciencia, micro historia, historia urbana, historia de la vida cotidiana.

En la entrevista  con Brocheir y M, Pierre, Duby reconoce su deuda con el marxismo desde la concepción filosófica y no necesariamente desde el compromiso político

 “Cuando lo conocí, el marxismo me fue presentado como una filosofía entre otras… Personalmente, le debo métodos de investigación que fueron esenciales en mis primeros pasos. Creo que es imposible abordar un objeto de investigación histórica, cualquiera que sea, sin informarse, en primer lugar, acerca de la manera en la que esta anclado en la materialidad. Solo que no soy materialista y que no creo en la ultima instancia”[8].

No solo no cree en la ultima instancia, sino que también proclamo que los fenómenos “superestructurales”, para retomar la conceptualización marxista, tienen tanta importancia como los fenómenos materiales.

La primera generación de Annales se dio en los años 20, y el interes de Bloch y Febvre era el de  una historia orientada por un problema, ambos vieron la necesidad de plantear la historia en comunicación con las otras disciplinas, si bien es cierto para el primero la sociología era de gran importancia en el dialogo con la historia, para el segundo, lo era la geografía.

 

 

 Bloch tenía el énfasis puesto en lo económico, afirmaba que no era  posible ignorar el mercado. Sin embargo incursiono en temas que se relacionaban con la psicología como  se evidencia en Los reyes taumaturgos, obra en la que trata el poder simbólico de los reyes medievales. En una línea similar se encuentra el trabajo de Febvre quien sucedió a Bloch en la dirección de la revista, se destaca con la obra sobre la incredulidad en el siglo XVIAmbos trabajos incursionan sobre lo que las nuevas generaciones de Annales llamaran las mentalidades colectivas  (en los años sesenta).

La segunda generación de Annales se inicia con Fernand Braudel, (dirigió Annales entre 1949 y 1972).  Pone el acento de la historia en el contexto social, o si se prefiere en el entorno. No se trata entonces, del protagonismo de los individuos, ni tampoco de los acontecimientos,

“lo que  interesa es el contexto en el que estos acontecimientos e individuos se inscriben, esto es lo que le permite plantear los sucesos como “perturbaciones de superficie, crestas de espuma que las oleadas de la historia llevan sobre sus poderosos lomos”   y también afirmaba “debemos aprender a desconfiar de ellos”[9].

En cuanto  a los  nexos con las otras disciplinas, Braudel se inclino por la  geografía lo cual le permitió hablar de una Geohistoria que desarrollo en su Mediterráneo.

“El objeto es mostrar que todos estos rasgos geográficos tienen su historia o, mejor dicho, que son parte de la historia y que ni la historia de los acontecimientos ni las tendencias generales pueden comprenderse sin tales rasgos. La sección sobre las montañas, por ejemplo, trata la cultura y la sociedad de las regiones montañosas, el espíritu conservador de los montañeses, las barreras sociales y culturales que existen entre los hombres de la montaña y los hombres de la llanura…”[10]

Pero Braudel en su madures escribió también sobre la vida material

“cruza la barrera de la historia económica convencional. Descarta las tradicionales categorías de agricultura, comercio e industria y se pone a considerar la vida cotidiana, las personas y las cosas, todo cuanto la humanidad hace o usa”[11]

3.    La tercera generación de Annales.

 Llegamos a la tercera generación de Annales en donde ubicamos a nuestro historiador Georges Duby, junto con Jacques Le goff y Emmanuel Le Roy Ladurie.

La preocupación central de los terceros Annales  (1969 –1989)*, es lo que para bien o para mal, se denomino Historia de las Mentalidades. Según el historiador Carlos Barros de la universidad de Santiago de Compostela, después del  año 68, se entro a un periodo posestructuralista y posmarxista, un periodo de repliegue que como era de esperarse resalta lo que se perdió, es decir, al sujeto que se había diluido en lo colectivo. “La historia de las mentalidades responde entre otras cosas, a una demanda social derivada de un repliegue de las ideas del 68 que va tomando forma lentamente, según avanza la década de los 70 y alcanza su climax en los 80”.

¿De que se ocupa la Historia de las mentalidades hoy llamada historia de la cultura?

Ante todo, hay que partir de que la historia de las mentalidades es  autónoma, amplio los temas y las fuentes, es decir, nuevos objetos, nuevos problemas y nuevas fuentes.

“Dicha autonomía tiene como todo su parte positiva, verbigracia, la utilización masiva por parte de los nuevos historiadores de las fuentes icnográficas y literarias, animando una nueva forma de hacer la historia del arte y de la literatura”[12].

De otra parte, los terceros Annales retoman de otras disciplinas los conceptos, las técnicas y las orientan al servicio de la historia, no se trata de trasladar las nociones y métodos, de otras disciplinas, se trata de saber utilizarlos para lograr la información sobre los pensamientos, las emociones e imaginarios y los comportamientos.

Esta visión de los terceros Annales ha tenido gran influencia por fuera de Francia, en Estados Unidos, se expresa en una Historia Cultural, sus exponentes R. Darnton y Natalie Zemon);  en Gran Bretaña, en una Historia Social derivada de su tradición antropológica, con E.P. Thompson y E. Hobswam; en Italia, tenemos los exponentes de la micro historia: Ginzburg, Levi y Poni. En resumen, la Antropología Histórica, Historia Cultural, Microhistoria, son líneas de investigación derivadas de los terceros Annales, en otros términos, desde las mentalidades, su punto en común es la mirada desde el sujeto.

El concepto de mentalidades es impreciso, algunos historiadores como Jacques Revel plantean la historia de las mentalidades como un campo de interés y de sensibilidad, más que como una subdisciplina.

Le Goff por su parte  la plantea como una historia ambigua, que finalmente definió como una mentalidad propia de una sociedad, que trasciende las clases sociales diferenciándola del concepto de ideología. “la mentalidad de un individuo, aunque se trate de un gran hombre, es justamente aquello que tiene en común con otros hombres de su época”. También matizo esta definición y planteo que existían mentalidades de clase al lado de mentalidades comunes.

Las críticas que se le hacen a este nuevo paradigma son: el  que se desligo por completo de la historia económico-social, de la mirada global o totalizante, en definitiva, que perdió su horizonte.

“La mayor deficiencia que hemos hallado en la historia francesa de las mentalidades reside en que su progresión acaba por implicar la desconexión de la historia social y económica y la despreocupación sobre el carácter global de la investigación histórica…”[13]

“El desinterés por la historia económico-social tiene como telón de fondo la presión de una demanda cultural y vital mas individualista que reclama una historia mas subjetiva (la resaca que sigue al repliegue de los proyectos colectivos que marcan la revuelta del 68); pero es asimismo efecto de las querellas internas entre los terceros Annales y la prolongación de los segundos Annales… la historia económico-social y la historia de las mentalidades están por igual inscritas en la matriz fundadora de Annales, no solo en los trabajos de Febvre sino también en los de Bloch. Es decir que desde los primeros anales la economía y la mentalidad generan dos líneas -que rara vez crecen juntas-. Legitimas de desarrollo de la escuela, en el marco de una historia global, cuya  referencia se pierde constantemente, produciéndose el típico movimiento pendular”[14]

Sin embargo dos de los exponentes de estos terceros Annales plantean reiteradamente que no se debe perder de vista la historia social, me refiero a. Le Goff y a Duby

El primero advierte,

“seria craso error separarla de las estructuras y de la dinámica social … no tiene que ser ni el renacimiento de un espiritualismo superado ni el esfuerzo de supervivencia de un marxismo vulgar que buscaría en ella la definición barata de superestructuras nacidas mecánicamente de las infraestructuras socioeconómicas”[15] .

Duby  reitera su planteamiento de que la historia de las mentalidades esta inmersa en un contexto social totalizante, afirma que las estructuras mentales hacen parte de una realidad social compuesta por una gran variedad de elementos, por consiguiente, establece una relación de reciprocidad entre las estructuras mentales y las materiales.

 “Debe partirse de la idea de que el hombre en sociedad constituye el objeto final de la investigación,… De hecho, la historia social   es toda la historia. Y dado de que toda sociedad es un único cuerpo en cuya composición intervienen, sin posibilidad de disociación, a menos que no sea por la necesidades del análisis, factores económicos, factores políticos y factores mentales, esta historia requiere en si misma todas las informaciones, todos los índices y todas las fuentes…

…la historia de las sociedades debe, para facilitar la investigación, considerar los fenómenos a diferentes niveles de análisis. No obstante, debe dejar de considerarse como el apéndice de una historia de la civilización material, de una historia del poder, de una historia de las mentalidades. Su calificación propia es la síntesis. Su misión es la de recoger los resultados de las investigación realizadas conjuntamente en esos diversos campos y reunirlos en la unidad de una visión global”[16].

Podría concluirse que Duby tiene como propósito posicionar la historia de las mentalidades, mostrar su importancia, su autonomía, pero sin arrancarla del contexto social en el que se inscribe. Las estructuras mentales tienen igual valor en la historia que las materiales, no son la cenicienta de las estructuras económicas y por consiguiente de lo que se trata es de rescatar al sujeto, lo que piensa, lo cree, lo que siente pero sin abandonar el lugar al que este sujeto pertenece.

“En verdad el sentimiento que experimentan los individuo y los diversos grupos sociales respecto a su propia posición, así como los comportamientos que de ellos se desprenden, no están inmediatamente determinados por la realidad de su condición económica, sino por la imagen que ellos se hacen de aquella, que no resulta fiel a la realidad, pero esta influida siempre por el juego de un complicado conjunto de representaciones mentales. Considerar los fenómenos sociales como simple continuación de los fenómenos económicos, es pues, reducir el campo de los interrogantes posibles, es empobrecer tremendamente la problemática, es en definitiva, renunciar a comprender con claridad ciertas líneas maestras de lo estudiado”[17]

Desde esta perspectiva Duby rescata temas de la historia tradicional que habían sido relegados, me refiero a la historia narrativa, acontecimental y biográfica.

Respecto a la llamada historia acontecimental, el nuevo paradigma señala el acontecimiento como intrascendente, solo le da valor cuando  es mirado en el conjunto social que lo  produjo, en su contexto puede ser revivido. Duby lo retoma justamente partiendo de su espacio y de su tiempo.

 “En la investigación histórica, el parámetro esencial es el tiempo. La preocupación esencial debe ser la de fechar exactamente las huellas con las cuales el historiador puede sonar. Situar el acontecimiento en su verdadero lugar en la duración. Solo posteriormente se puede intentar relacionar explicativamente los hechos contemporáneos o no. Hubo un tiempo  en el que la nueva historia o lo que se acordó en llamar así, dejaba de lado un poco la cronología en reacción con la historia batalla y porque dirigía su atención hacia los movimientos lentos”[18].

 Un ejemplo de historia acontecimental de Duby es el Domingo de Bouvines. Se trata de una batalla en la que Felipe Augusto rey de Francia se enfrento a una coalición formada por el emperador  alemán, el conde de Flandes y el conde de Bouloge fechada en el 27 de julio  de 1214 de la cual Felipe Augusto sale victorioso y consolida con ello su reinado.

En el prologo a este libro, Duby explica  como fue para el un reto el volver a la historia acontecimental que estaba ya en desuso en la llamada nueva historia de la que hacia parte.

” En 1968 se me propuso escribir, para la colección que habia fundado Gerard Walter Trente journees qui ont fait de France, el libro dedicado a uno de esos días memorables… Acepte. Mis amigos, los historiadores que como yo se decían discípulos de Marc Bloch y Lucien  Febvre, se sorprendieron. La historia que hacían y la que hasta ese momento yo había hecho, esa que mas tarde se llamaría, abusivamente, nueva ( y digo abusivamente porque la mayor parte de los interrogantes que habíamos planteado, no sin orgullo, ya los habían formulado nuestros predecesores…), marginaba el acontecimiento, se negaba a narrarlo, dedicándose, por el contrario, a plantear y resolver problemas; rechazando las agitaciones de la superficie, su propósito era observar, a medio y largo plazo, la evolución de la economía, de la sociedad, de la civilización…

…En ese momento me empezaba a parecer no solamente posible y útil, sino francamente necesario para llegar hasta los mas oscuros movimientos que lentamente desplazan en el transcurso de las épocas los cimientos de una cultura, explotar el acontecimiento, sacar de él el mejor partido posible, dándole un tratamiento especial”[19].

La importancia que  Duby da al acontecimiento, es justamente porque rompe la cotidianidad, porque produce escándalo, porque los testigos dan cuenta de el, las mas de las veces, dejando libre su imaginación,  como el mismo lo dice, porque da mucho de que hablar, en fin,  porque es sensacionalistas y en consecuencia singular.

  “Por sus efectos de resonancia, por todo lo que gracias a su explosión surge a la superficie desde las profundidades de lo inesperado, por las latencias que revela el historiador. Por el hecho de ser excepcional, el acontecimiento arrastra consigo y hace surgir, en el fluir de palabras que libera, huellas que, de otra manera, hubieran permanecido en tinieblas, sin ser vistas, las huellas de lo banal, de aquello que casi nunca es tema de conversación de la vida cotidiana y que jamás se escribe ”[20] .

 Le Goff en un articulo publicado en el Magazíne  Litteraire, No 189 de 1982, reconoce en esta obra la forma magistral con la que Duby recupera el acontecimiento para el análisis histórico.

 “De esta manera, la demostración de G. Duby que explica la génesis y el alcance del acontecimiento va aun mas lejos…Bouvines revela que la historia, bajo su doble faz de acontecimiento y de estructuras, es la puesta en evidencia de un sistema y el análisis de Bouvines desemboca en una gran lección de antropología de la guerra de la edad media. Sistema  porque todos los elementos que la historia tradicional se complacía en yuxtaponer o en jerarquizar o en reducir por despreciar a algunos de ellos, constituyen un conjunto no jerarquizado sino organizado”[21]

Guillermo el Mariscal es otro ejemplo de la recuperación que Duby hace de la historia  biografía. Se trata  de un caballero de lacorte de los Plantagenet – Enrique II, Ricardo Corazón de León, Juan sin Tierra-, un héroe que pudo desplegar sus destrezas militares en los enfrentamientos entre los Plantagenet y los Capetos. Fue también regente del reino en la minoría de Enrique III. Es el mundo de los caballeros el que Duby recrea en esta obra, son sus costumbres, sus ritos, sus valores e incluso sus sentimientos, en otras palabras nos muestra las estructuras mentales. Sin embargo,  fiel a la concepción de una historia global, se sirve de la guerra entre dos reinos para rescatar al sujeto.

 Una de las obras mas conocida de Duby es Los tres ordenes o lo imaginario del Feudalismo (1973), en ella el autor despliega toda su habilidad para retomar las representaciones mentales e inscribirlas en esa historia social totalizante. Muestra las relaciones de poder ligadas a las funciones sociales de cada orden y lo que es mas importante, como toda esa estructura jerárquica se justifica a partir de una ideología religiosa que se piensa y se entiende como una ley divina, un orden impuesto desde la creación. La trifuncionalidad que nos presenta Duby en esta obra esta relacionada con una teología, una cosmogonía  y una moral.

“La ideología, lo sabemos bien, no es un reflejo de lo vivido, sino un proyecto de acción sobre el. Para que la acción tenga alguna posibilidad de ser eficaz, la disparidad entre la representación imaginaria y las realidades de la vida no debe ser demasiado grande. Pero a partir del momento en que el discurso se hace oír se cristalizan nuevas actitudes que modifican la manera que poseen los hombres de percibir la sociedad a la que pertenecen. Observar el sistema en el que se encuentra englobado el esquema de los tres ordenes, en el momento en que aparece en el reino de Francia, intentar seguirlo entre 1025 y 1225 en sus éxitos y en sus infortunios, supone enfrentarse con uno de los problemas centrales que se plantean en la actualidad a las ciencias del hombre, el de las relaciones entre lo material y lo mental en la evolución de las sociedades” [22].

En esta misma línea de las estructuras mentales esta El Caballero, la mujer y el cura. Los temas  que aborda el autor son,  el ordenamiento que impone la iglesia con la introducción de la institución matrimonial que alcanzo el carácter de sagrado, esto quiere decir, que desborda las voluntades de los contrayentes porque se considera instituido por dios. Tres personajes aparecen en este texto formando un espeso tejido social. El caballero ubicado en el mundo de la guerra, de los dominios territoriales, pero a la vez alejado de la pureza que recubre a los clérigos y por consiguiente proclive a la sexualidad.  La iglesia pretende ordenar la sexualidad y lo hace a partir del matrimonio. La mujer en una posición de subordinación según las evocaciones al  génesis y a las epístolas. Pero no solo de subordinación,  sino también de sospecha, es vista como un peligro, por el “cura”, en tanto pone a prueba su pureza.  Calificada o acusada de pérfida, débil y frágil.

                                                                                                                                                               Continuando con las mujeres Duby presenta su ultimo trabajo      Damas del    siglo XII, son tres

tomos que le dan voz a esos seres que durante mucho tiempo permanecieron “en silencio”, “olvidadas” en lo que respecta al reconocimiento social, pero presentes justamente por el peligro que representaban en una sociedad misógina.

 

“Ofresco en este libro algunas notas. Son los frutos de una      investigación azarosa, larga  y sin embargo incompleta. Lo he hecho   lo mejor que he podido, tratando de ver con mayor claridad quienes granel el siglo XII y en Francia esas mujeres a las que llamaban damas porque se habían casado con un señor, conocer que destino era el suyo en su mundo, … en  los escalones superiores de la sociedad brutal y refinada que conocemos con el nombre de feudal. Me he quedado voluntariamente en esas alturas porque solo ellas están suficientemente iluminadas. Pese a todo, incluso en su caso la oscuridad sigue siendo espesa “[23].

En esta introducción Duby hace una aclaración importante para el historiador, para ese deseo de buscar la “verdad”  y con ella la pretendida rigurosidad científica. La historia de las mentalidades tiene otras pretensiones, lo que le  importa no es lo que efectivamente sucedió, sino lo que la gente de la época cree que paso.

 “Una advertencia. Lo que intento mostrar no es lo realmente vivido. Inaccesible. Lo que trato de mostrar son reflejos, lo que reflejan testimonios escritos. Me fió de lo que dicen. Digan la verdad o mientan, lo importante no es eso. Para mi lo importante es la imagen que proporcionan de una mujer y, a través de esa imagen, de las mujeres en general, la imagen que el autor del texto se hacia de ellas y que quiso entregar a quienes le escucharon”[24].

Los tres volúmenes  son Eloisa, Leonor, Iseo y algunas otras, El recuerdo de las abuelas y Eva y los Sacerdotes.

A pesar de la importancia que Duby manifestó por las estructuras mentales, como se ha señalado hasta ahora,  los primeros temas abordados por el autor fueron las  estructuras materiales, no las mentales hasta ahora abordadas  en esta charla.

Duby partió del estudio de  la vida material de los siglos XI y XII, de la historia de la economía rural, de  como se  cultivaba, lo que se producía. En esta temática se incluye su libro Economía Rural y vida campesina en el occidente medieval (1961).Este libro lo presenta como un intento de síntesis que confronta los resultados de otras investigaciones sobre el tema y que desborda el espacio regional para dar cuenta del occidente medieval.

                                 Guerreros y campesinos. Desarrollo inicial de la economía europea 500-1200   (1969) esta en la misma dirección del anterior pero con una periodicidad mas amplia. Los temas que aborda son: las fuerzas productivas, las estructuras sociales, las invasiones y por supuesto las actitudes mentales.

Con Robert Mandrou, Duby escribió Historia de la civilización Francesa. Presenta el libro como una síntesis de la cultura francesa dirigida al gran publico interesado en una visión de conjunto de esta, teniendo en cuenta, que es una de las civilizaciones mas refinadas y complejas que hayan existido. La periodicidad tratada en el, va desde el ano mil a la crisis al fin de la edad media, pasando por la dinastía capeta. Por su parte Mandrou aborda el periodo del siglos XVI al XVIII.

  La historia de la vida privada  (1985) dirigida en colaboración con Philippe Aries, es una de  las grandes “empresas” del historiador que nos ocupa. Presentada en 10 tomos, cubre una temporalidad que va del Imperio Romano al siglo XX se desarrolla en el  mundo occidental. La vida cotidiana es abordada desde diferentes escalas lo nacional, lo regional  e incluso lo local, la forma de penetrar en la cotidianidad privilegia las relaciones, los sentimientos y lo que en sociología se conoce como valores que bien podríamos aproximar a nuestras  controvertidas  “mentalidades”, a la vez que se mueve en tres niveles: la sociedad, la familia y el individuo.

 

Historia de las mujeres (1990-1991) dirigida en colaboración con Michelle Perrot, con la misma presentación periodicidad y espacialidad   de la obra anterior, Duby se ocupa de las mujeres rescatándolas del “ostracismo” en que se encontraban, tejiendo sus relaciones y por consiguiente su lugar en las sociedades occidentales,  la mujer es objeto de estudio de la llamada nueva historia. En  la presentación de la obra los directores afirman:

 “Lo que intentamos comprender es su  lugar en la sociedad, su condición, sus papeles y su poder, su silencio y su palabra. La variedad de las representaciones de la mujer, una vez Dios, otra Madona, otra Bruja… he ahí lo que queremos recoger en la permanencia y en las transformaciones.

Una historia de relaciones, que pone sobre el tapete la sociedad entera, que es historia de las relaciones entre los sexos y, en consecuencia, también de los hombres”.

Podemos concluir afirmando que sin lugar a dudas, Duby es uno de los grandes historiadores del siglo XX, que interroga el pasado, lo recrea para dar vida tanto a sociedades pasadas,  como a los  individuos que habitaron en ellas. Duby desborda su especialidad sobre la Edad Media, para abordar en colaboración con otros historiadores, diferentes temáticas de la Europa occidental   bajo la mirada de la historia social, esa historia totalizante que en definitiva constituye toda la historia, y para terminar con sus propias palabras, el objeto final de la investigación histórica es el hombre en sociedad.

De él, dice  Michel Pierre:

 “…es un historiador que se entrega a esta búsqueda que liga lo muerto y lo vivo, que hace al hombre occidental deudor de una herencia compleja. Es además el único de nuestros grandes intelectuales de este fin de siglo que rebasa ampliamente su campo de investigaciones y lo liga a la creación contemporánea. Gracias a que es un hombre de una cierta mirada, así como melómano y gran lector de novelas. Georges Duby ha encontrado algunas claves de su mundo desaparecido. No existe ningún gran historiador que no comience por apelar a sus sentidos. Ellos lo animan, lo mantienen deseoso, con voluntad de saber. Y es así como se abren paso algunos destellos de luz”[25].


* Socióloga de la Universidad Autónoma Latinoamericana (UNAULA), Magíster en  Historia, de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de La  Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín, profesora asociada de la Escuela de Historia Universidad Nacional de Colombia Sede de Medellín

[1] Nora, Pierre.  Georges Duby, el estilo y la moral de la historia. En: sociología 20. Universidad Autónoma Latinoamericana Facultad de sociología 1997, p 35

[2] Rojas Donat, Luis. Georges Duby in memoriam

[3] Duby, Georges El ejercicio de la libertad  En: sociología 20. Universidad Autónoma Latinoamericana Facultad de sociología 1997 p 21; tomado del Magazine Littéraire, No 164, septiembre  de 1980.

[4] Bermond, Daniel. Entrevista al historiador Georges Duby. Publicada en la revista electrónica Label France. No (03/1997).

[5] Entrevista realizada por J, Jacques Brocheir y Michel Pierre. op, cit,  p 19

[6] El primer número se publico en 1929, se llamo Annales de la historia económica y social, fue pensada como guía intelectual de la historia económica y de la historia social. Fueron los historiadores de lo económico los que primero se tomaron las páginas de la revista, al año siguiente la revista muestra su interés en dar cabida a la historia social, prácticamente desconocida.

[7] Burke, Peter. Obertura: la nueva historia, su pasado y su futuro. En: Formas de hacer historia. Alianza universidad, Madrid 1996 p 14

[8] Duby, Geoges. El ejercicio de la libertad, entrevista realizada por JBrochier y Michel Pierre. Publicada en el Magazín litteraire, No 164, septiembre de 1980.

[9] Braudel, citado por Burke En: La revolución historiográfica Francesa. Gedisa, Barcelona 1993 p 40

[10] Ídem, p 42

[11] ídem, p 50

* Estas fechas son importantes, en tanto la primera es el periodo contiguo al Mayo del  68, movimiento estudiantil que se asocia con los sectores obreros, de un corte izquierdista que se propago por buena parte de Paris y que se convertirá en modelo de los movimientos de izquierda en Latinoamérica. La otra fecha es el reverso de la moneda, fue la caída de los sistemas socialistas  en pro del mundo capitalista.

[12] Barros, Carlos. La Contribución de los terceros Annales y la historia de las mentalidades. 1969-1989. http://www.h-debate.com/cbarros.

[13] Idem  p 10

[14] Idem  p 6.

[15] Le Goff. Hacer la Historia. Barcelona 1980

[16] Duby, George. Historia social o ideología de las sociedades. Anagrama, Barcelona 1976 p 10,11

[17]op, cit  p 8

[18] Duby, Georges. El ejercicio de la libertad. Op,cit p 17

[19] Duby, George.  El Domingo de Bouvines. Alianza, Madrid. 1998 p 8

[20] Idem, p 9

[21] Le Goff, Jacques. El  Domingo de Bouvines.  Sociologia 20 Universidad Autónoma Latinoamericana Facultad de sociología 1997 p 32

[22] Duby, Georges. Los tres órdenes o lo imaginario del feudalismo. Taurus, Madrid 1992 p 38

[23] Duby, Georges. Damas del siglo XII. Alianza, Madrid 1995. volumen 1, p 10

[24] Idem, p 11.

[25] Pierre,  Michel. Georges Duby a la busqueda de la Edad Media. Magzine litterarie de noviembre de 1996. publicado en Sociología 20. Universidad autonoma latinoamericana. Facultad de sociología junio de 1997.

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Esta entrada fue publicada en octubre 16, 2012 por .
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