Gloria Quintero Rojas

SOCIOLOGÍA E HISTORIA: dos disciplinas que se aproximan

Gloria Eugenia Quintero R.*

Establecer las fronteras entre las diferentes disciplinas sociales, a mi juicio es cada vez mas difícil,  en lo referente a la Historia y la Sociología, las distintas direcciones de su objeto de estudio, con la llamada “Nueva Historia”,  las aproximan cada vez más.

LA GLOBALIZACION

Ha sido uno de los objetivos o pretensiones  de ambas disciplinas. Partiendo de una visión  unitaria la historia  considera como objeto de estudio el hombre en sociedad  y por consiguiente en  sus múltiples relaciones,

“…las ciencia sociales se imponen las unas a las otras: cada una de ellas intenta captar lo social en su totalidad; cada una de ellas se entromete en el terreno de sus vecinas, en la creencia de permanecer en el propio…  De esta forma, a pesar de las reticencia, las oposiciones y las tranquilas ignorancias, se va esbozando la instalación de un mercado común; es una experiencia que merece la pena de ser intentada en los próximos años, incluso en el caso de que a cada ciencia le resulte con posterioridad más conveniente volverse a aventurar, durante un cierto tiempo, por un camino más estrictamente personal”. [1]

La historia  “tradicional” cuyo objeto primordial era el acontecimiento, la política y con ella los grandes sucesos como las guerras, las naciones, el poder o los poderes institucionales;  es decir la historia vista desde “arriba” como dice Burke en su libro La revolución historiografía francesa, una historia si se quiere de las élites, una historia en donde buena parte de la población era ignorada, permanecía oculta digamos que “sin  historia”; los sectores populares, las mujeres, los niños, los marginados.  La nueva historia entra a dar cuenta de ese grupo de marginados,  es una historia que se preocupa por los problemas no  por los acontecimientos, es entonces la historia desde “abajo”.  Este es el nuevo objeto de estudio de la historia y es está nueva concepción de historia la que la aproxima a otras disciplinas.

“El problema no reside en negar lo individual bajo pretexto de que es objeto de contingencia, sino de sobrepasarlo, en distinguirlo de las fuerzas diferentes de él, en reaccionar contra una historia arbitrariamente reducida a función de los héroes quintaesenciados; no creemos en el culto de todos esos semidioses, o, dicho con mayor sencillez, nos oponemos a la orgullosa frase unilateral de Treitschke: Los hombres hacen la historia. No, la historia también hace a los hombres y modela su  destino: la historia anónima, profunda y con frecuencia silenciosa, cuyo incierto pero inmenso campo se impone ahora abordar”[2].

Lucien Febvre define la historia como              

“…el estudio científicamente elaborado de las diversas actividades y de las diversas  creaciones de los hombres de otros tiempos, captadas en su fecha, en el marco de sociedades extremadamente variadas y, sin embargo, comparables unas  a  otras  (el postulado es de la sociología);     actividades y creaciones con las que cubrieron la superficie de la tierra y la sucesión de las edades” [3].

 Bloch en la Introducción a la historia, distanciándose de la historia episódica, de la historia que pretende revivir el pasado, la plantea como la interpretación del pasado a partir de los documentos, documentos que son interrogados por el investigador de acuerdo al interés de este. Desde esta perspectiva toda actividad humana es objeto de historia.  Tanto Febvre como Bloch, retoman el proyecto sociológico de aglutinar las diferentes disciplinas, partiendo no del individuo sino de la sociedad.  En su libro Los reyes Taumaturgos, Bloch  se refiere no solo a la historia política, sino a las representaciones del poder  real, este tema lo aproxima a otra disciplina a lo que el mismo llama “psicología religiosa”.

 ” Pienso que somos muchos los que consideramos necesario recuperar el sentido de globalidad  -la consideración de la historia como ciencia que intenta abarcar lo humano en su conjunto y explicar, con ello, el funcionamiento de la sociedad-…” [4]

Este llamado, lo hace el historiador español Josep Fontana, en oposición a la fragmentación temática surgida por un pretendido cientifismo que ha conducido según el autor, a buscar el fundamento de la historia en otras disciplinas y con ello lo único que se ha logrando, es   una visión parcial que dista mucho del propósito de la historia.

” Uno de los problemas mas graves que nos plantea ese cambio de fundamentación,  ese sometimiento al vasallaje de otras disciplinas sociales, es el de la fragmentación de nuestro objeto de estudio. En la medida en que cada una de estas ciencias tiene un objeto distinto al de la historia, que es el de abarcar la totalidad del cuadro social, con su utillaje solo sirve para actuar sobre segmentos de este cuadro, lo cual ha tenido como consecuencia que una investigación tentada por el mimetismo cientifista se convierta en esa “historia en migajas” de la que nos habla Francois Dosse” [5].

De igual manera, la sociología también se ha planteado como ciencia  “globalizante” desde su nacimiento en el siglo XIX, heredando las preocupaciones de las ciencias “naturales” que buscaban las  leyes universales reguladoras de  los fenómenos físicos; Comte pretendió bajo esta perspectiva, buscar las leyes que regían los fenómenos sociales; de ahí que inicialmente llamara a su ciencia,  física social.

“Entiendo por física social la ciencia que tiene por objeto el estudio de los fenómenos   sociales considerados con el mismo espíritu que los astronómicos, los físicos, los químicos o los fisiológicos,  es decir, sujetos a leyes naturales invariables, cuyo descubrimiento es el objeto especial de investigación”[6].

Cuando Comte habla de los fenómenos sociales, se refiere a la totalidad de fenómenos humanos, a las acciones que de ellos resultan.  La búsqueda de estas leyes lo llevaron a incursionar en la historia, una historia evolucionista entendida como una sucesión de etapas necesarias,  que remiten a la idea de desarrollo, de progreso. Estas etapas son: Teológica en donde la humanidad esta dominada por las creencias, en tanto no se tienen explicaciones de los fenómenos naturales que se presentan sin regularidad, es entonces la imaginación la que da cuenta de los fenómenos atribullendoselos a seres sobrenaturales; Metafísica, considerada como transitoria, no propone un orden especifico, se limita a criticar la etapa anterior;

“…lo metafísico es la disolución del orden social, la anarquía de las representaciones, un segundo estado, una mera transición, un paso, que sin embargo  Comte conservara para hacer de él, el objeto de sus ataques, reaccionarios a sus crisis obsesivas de orden”[7].

Finalmente la Positiva, en donde se reconcilian el orden y el progreso, posibilitados por el pensamiento científico; de donde el orden seria el aspecto estático de la sociedad, mientras que el progreso seria su aspecto dinámico.  Esta es la mirada histórica de Comte y en ella inscribe la humanidad en su conjunto,

“La unidad de movimiento permite el encadenamiento de las épocas por las cuales se pasa necesariamente siguiendo la línea del tiempo…  Las fases históricas son solidarias, la una resulta necesariamente de la precedente y prepara la siguiente.  En la historia como en la naturaleza en general, nada se produce sin causa eficiente…  Por consiguiente, es la noción de progreso la que asegura el despotismo espiritual que los muertos están llamados a ejercer sobre las cabezas de los vivos, en la edad de oro del espíritu positivo”[8].

No es  aquí el lugar ni el momento de discutir la concepción histórica del Comte;  lo que pretendo señalar con lo anterior, son los nexos entre estas dos disciplinas establecidos desde el momento en que la sociología surge como un campo especifico de la ciencias sociales.

Emile Durkhein, sociólogo francés de finales del siglo XIX, también tomo lo colectivo sobre lo individual como el objeto de estudio de la sociología   con su teoría del Hecho Social.

  “El sistema de signos que utilizo para expresar mi  pensamiento, el sistema monetario que empleo para  pagar mis deudas, los instrumentos de crédito que uso en mis relaciones comerciales, las practicas respetadas en mi profesión, etc., funcionan independientemente del uso que hago de ellos.  Si consideramos uno tras otro a todos los miembros d la sociedad, las reflexiones precedentes serán validas para todos.  Se trata, entonces, de modos de actuar, de pensar y de sentir que exhiben la notable propiedad de que existen fuera de las conciencias individuales.

Estos tipos de conducta o de pensamiento no sólo son exteriores al individuo, sino que están dotados de un poder imperativo y coercitivo en virtud del cual se le imponen, quiéralo o no… como se ve, tenemos aquí un orden de hechos que exhiben caracteres muy particulares: son modos de actuar, de pensar y de sentir exteriores al individuo, y que poseen un poder de coerción en virtud del cual se le imponen…Por lo tanto, constituyen una nueva especie, y a ellos debe atribuirse y reservarse la calificación de sociales.  Les conviene; pues es evidente que, como el individuo no es el sustrato de los mismos, no pueden tener otro que la sociedad  -la sociedad política en su integridad, o alguno de los grupos parciales que ella encierra: confesiones religiosas, escuelas políticas, literarias, corporaciones profesionales, etc. .. Son, por consiguiente, el dominio propio de la sociología”[9].

En otros términos, de lo que se trata según el planteamiento Durkheimniano seria de dar cuenta del hombre  en sociedad, tal como lo plantea Duby

“Debe partirse de la idea de que el hombre en sociedad constituye el objeto final de la investigación histórica, siendo a su vez primer principio. De hecho, la historia social es toda la historia. Y dado que toda sociedad es un único cuerpo en cuya composición intervienen, sin posibilidad de disociación, a menos que sea por las necesidades del análisis, factores económicos, factores políticos y factores mentales, esta historia requiere en si misma todas las informaciones, todos los índices y todas las fuentes…”[10].

El concepto Durkheimniano de “conciencia colectiva”, con el cual explica el tipo de solidaridad que genera la cohesión social de los miembros de una sociedad  – sociedades que pueden ser, según  el autor: unisegmentarias y  polisegmentarias-,  lo podríamos aproximar a lo que en historia  se llamo “ideología dominante”, a lo que ahora se prefiere denominar “formas de pensamiento” o si se quiere “mentalidades”.  Esta conciencia colectiva que Durkheim define en su libro: La División social del trabajo, consiste en el conjunto de creencias comunes a los miembros de una sociedad que adquieren vida “propia”  en el sentido, de que regulan el comportamiento de los individuos de una sociedad o de un grupo.  Por esta razón, aclara que no se trata de la suma de las conciencias individuales, que esta por encima de estas, que permanece por varias generaciones.  ¿ No esta acoso Durkhein  -tal vez sin saberlo-, refiriéndose a la larga duraciónde las estructuras mentales tan importantes para la historia?

Este concepto de conciencia colectiva bien puede ser lo que los historiadores ahora denominan mentalidades colectivas, lo que Febvre trata en su libro El problema de la incredulidad en el siglo XVI y Bloch en Los Reyes Taumaturgos. Todos ellos, desde sus respectivas disciplinas, se refieren a las creencias colectivas que determinan comportamientos y que, como Durkkheim lo plantea, se imponen al individuo.

Max Weber, sociólogo alemán de principios del siglo XX define la sociología como

“Una ciencia que pretende entender, interpretándola, la acción  social para de esa   manera explicarla causalmente en su desarrollo y efectos.  Por acción debe entenderse una conducta humana (bien consista en un hacer externo o interno, ya en un omitir o permitir) siempre que el sujeto o los sujetos de la acción enlacen a ella un sentido subjetivo.  La acción social, por tanto es una  acción en donde el sentido mentado por su sujeto o sujetos está referido a la conducta de otros, orientándose por ésta en su desarrollo”[11].

En otros términos, la sociología  es la ciencia de la conducta humana, no para valorarla, sino para comprenderla

“En modo alguno se trata de un sentido objetivamente justo o de un sentido verdadero metafísicamente fundado.  Aquí radica precisamente la diferencia entre las ciencias empíricas de la acción, la sociología y la historia, frente a toda ciencia dogmática, jurisprudencia, lógica, ética, las cuales pretenden investigar en sus objetos el sentido justo y válido”[12].

Weber, pretende comprender las acciones de los hombres en diferentes sociedades y en diferentes momentos históricos, estudiando el sistema de creencias en que estos se encuentran inmersos para encontrar las relaciones de causalidad, que estos sistemas ejercen sobre la conducta humana.

” Tendrá que ser precisamente uno de los temas de todo trabajo sociológico e histórico descubrir en la medida de lo posible las influencias y conexiones causales explicables de modo satisfactorio por el modo de reaccionar ante el destino y el medio”[13].

Es importante resaltar, como  Weber se refiere repetidamente  a la historia como una disciplina que al igual que la sociología se interesa en la comprensión de los fenómenos sociales y en las relaciones de causalidad de estos fenómenos., es decir en las acciones humanas, pero acciones humanas para la historia retrospectivas, y esta mirada causal del pasado que le compete a la Historia  le permite a la Sociología construir los tipos ideales, es decir lo característico de la sociedad, porque toda ciencia debe tener proposiciones generales,

“…las ciencias de la realidad humana son ciencias sólo en la medida en que pueden establecer proposiciones generales.  Por consiguiente, hay una relación intima entre el análisis de los acontecimientos y la afirmación de proposiciones generales. La historia y la sociología señalan dos direcciones de la curiosidad, no dos disciplinas que deben ignorarse mutuamente.  La comprensión histórica exige la utilización de proposiciones generales, y es posible demostrar estas últimas sólo a partir de análisis y de comparaciones históricas”[14].

Las  relaciones de causalidad,  que Weber le atribuye tanto a la historia como a la sociología lo llevan a un determinismo de las ideas sobre las condiciones materiales, en oposición al “marxismo” que según él, ponía el énfasis en estas ultimas. Podríamos decir, que esta concepción de Weber se le atribuye  hoy  a la historia de las mentalidades, al  incluir el estudio de las formas de pensamiento como parte del estudio de la historia social. Según Fontana,  la tendencia es a hacer de “las representaciones mentales el motor  fundamental de la historia, lo que equivale a repetir los mismos errores de enfoque mecanicista del pasado”[15].

Me parece completamente plausible la  preocupación de Fontana por la posible inversión de las determinaciones con las que en otro momento se interpretaba la historia, pero, a mi juicio, no es esa la propuesta de los historiadores de la nueva generación de los Anales, quiénes son los que han introducido esta “moda” bastante atractiva por lo demás.

Si retomamos a uno de los mas conocidos historiadores de la época en estas temáticas, G. Duby,    vemos como hace un reiterativo llamado a que no se pierda de vista que las estructuras mentales hacen parte de una realidad social compuesta por una  gran variedad de elementos y que, alejándola de ellos, lo que se genera son grandes desviaciones históricas.  El interés del historiador es ante todo la historia social y esta,

 “…debe dejar de considerarse como el apéndice de una historia de la civilización material, de una historia del poder, de una historia de las mentalidades. Su calificación propia es la síntesis. Su misión es la de recoger los resultados de las investigaciones realizadas conjuntamente en esos diversos campos y reunirlos en la unidad de una visión global”[16].

EL TIEMPO DE LA HISTORIA Y EL TIEMPO DE LA SOCIOLOGÍA

Cuando se plantea que la historia estudia la vida pasada de  los hombres, un pasado mas reciente o mas lejano, por definición la historia es entonces  el estudio del movimiento, del cambio y este, indudablemente transcurre en un tiempo, que ha sido considerado de diferentes formas: cíclico, lineal, cronológico de corta y larga duración, el tiempo del acontecimiento y el tiempo “casi”  inmóvil del que nos habla Braudel. lo cierto es que no hay historia sin tiempo.

“Ciencia del perpetuo cambio de las sociedades humanas, de su perpetuo y necesario reajuste a nuevas condiciones de existencia material, política, moral, religiosa, intelectual.  Ciencia de ese acuerdo que se negocia, de la armonía que, perpetuo y espontáneamente, se establece en todas las épocas entre las diversas y sincrónicas condiciones de existencia de los hombres… Por ahí es por donde la historia descubre la vida.  Por eso deja de ser maestra de siervos y de perseguir un sueño mortífero en todos los sentidos de la palabra: imponer a los vivos la ley dictada, pretenciosamente, por los muertos de ayer”[17].

La sociología por el contrario  podría pensarse como una ciencia del “presente”, no del cambio, sino de lo que permanece, de lo constante, de lo recurrente.   En principio no es el movimiento, no es el tiempo el que condiciona su observación, son las estructuras;  estructuras que permiten construir  “tipos ideales”, “paradigmas”, modelos ahistoricos,  “sin tiempo”.  Esta  seria la gran frontera entre sociología e historia

“El  historiador muestra lo variable; el sociólogo señala lo constante y recurrente.  La historia describe la multitud de combinaciones concretas en que se han encontrado los hombres interdependientes; la sociología descompone las diferentes combinaciones en sus relativamente pocos elementos básicos y formula las leyes  que las gobiernan. El descubrimiento de esas leyes, o el enunciado de las relaciones necesarias e invariables entre un limitado número de elementos en que puede descomponerse la realidad social, es el verdadero objetivo de la sociología…”[18]

Una vez establecidos estos modelos ¿que pretende hacer con ellos la sociología?, no es acaso explicar el presente, ese eterno presente  que los invade, y al hacerlo, no se encuentran con las particularidades, las especificidades que alterar su modelo pero que lo amplían;  ¿no están con ello inmersos en el tiempo?

Los  paradigmas, las estructuras, los tipos ideales, solo es posible construirlos a partir de la historia, a partir de un recorrido por ese pasado que en apariencia, solo en apariencia, parece desdeñar la sociología.  Durkhein, Weber, Comte, para nombrar solo algunos de los mas importantes  teóricos de la sociología, recurrieron a la historia, al pasado de la humanidad, solo así lograron dar cuenta de: la conciencia colectiva,  el tipo ideal, las causalidades, y el estadio positivo.

Las estructuras se inscriben en el tiempo de larga duración, ese tiempo al que Braudel le ha dado tanta importancia, un tiempo al que él  se refiere como “casi inmóvil”,  en el  que el acontecimiento tiene sentido

“La totalidad de la historia puede, en todo caso, ser replanteada como a partir de una infraestructura en relación a estas capas de historia lenta.  Todos los niveles, todos los miles de niveles, todas las miles de fragmentaciones del tiempo de la historia, se comprenden a partir de esta profundidad, de esta semiinmovilidad; todo gravita en torno a ella”[19].

Es desde esta perspectiva, que la historia trasciende el acontecimiento para plantear y resolver problemas, no para narrar sucesos; y aun cuando el acontecimiento sea el objeto de interés, solo es posible comprenderlo en su relación con los otros elementos de la estructura social en la que se produjo.

“En la medida en que es imposible interpretar con certeza los rasgos del acontecimiento mientras no se los reintegre previamente en el sistema cultural que en su momento recibió su influencia, ante todo necesito referiré a lo que en su momento recibió su influencia, ante todo necesito referirme a lo que permite saber otras fuentes de esta cultura, para poder así estar en condiciones de criticar los testimonios que de esa época conservamos…  Por supuesto que sigo pensando como Fernaand Braudel… que la simple crónica cotidiana, que no tiene nada de singular y que se reproduce sin escándalo, puede ser el indicador de una realidad perdurable y, a veces, maravillosamente, de una estructura, y que por eso es necesario considerarla “[20].

Nuevamente las fronteras entre la historia y la sociología se hacen tenues, pasado y presente no son excluyentes en ninguna de las dos disciplinas y ambas se interesan por lo social, y lo social no es otra cosa que las múltiples relaciones que se generan entre los hombres, dando cabida a las instituciones, a los estados, a las naciones, a la familia, a la política, a las formas de pensar, de actuar, etc. en una mutua interdependencia de lo colectivo a lo individual.

“He escrito ya,… que la sociología e historia constituían una sola y única aventura del espíritu, no el envés y el revés de un mismo paño, sino este paño mismo en todo el espesor de sus hilos.

…historia y sociología son las únicas ciencias globales capaces de extender su curiosidad a cualquier aspecto de lo social.  La historia en la medida en que es todas las ciencias del hombre en el inmenso campo del pasado, es síntesis, orquesta.  Y si el estudio de la duración bajo todas sus formas le abre, como yo creo, las puertas de lo actual, entonces se encuentra en todos los lugares del banquete.  Y se encuentra por lo general al lado de la sociología  ( que también es síntesis por vocación) a la que la dialéctica de la duración  obliga a volverse hacia el pasado, lo quiera o no”[21].


* Socióloga  de UNAULA. Magister en Historia  de la Universidad Nacional de Colombia Sede de Medellín. Profesora Asociada de la Escuela de historia. Facultad de Ciencias Humanas y Económicas. Sede Medellín.

[1] Braudel, F. La historia y las ciencias sociales. Aliaanza, Madrid. 1980 p 61

[2] Idem. P 26

[3] Febvre, L. Combates por la historia. Ariel, Barcelona. 1975 p 40

[4] Fontana, J. La historia después de la historia. Critica, Barcelona. 1992  p 114

[5] Idem, p 81

[6] Comte, A. citado por Timasheff, Nicholas. En: Teorías Sociológica. Fondo de Cultura Económico, Madrid. 1971 p 36O

[7] Palau, Luis. Significacion de la Ley de los tres estados, de Auguste Comte. En: Revista de Extensión Cultural . N° 11. U.Nal. Sede de Medellín    1981

[8] Idem    p 75

[9] Durkheim, E. Las reglas del método sociológico. Pleyade, Buenos Aires. 1976 pgs. 30, 31.

[10] Duby, G.  Historia Social e Ideología de las sociedades. Anagrama, Barcelona p 10

[11] Weber, M. Fundamentos metodológicos de la sociología. Anagrama, Barcelona. 1982 p 44

[12]  Idem p 45

[13] Weber, M. La etica protestante y el espiritu del capitalismo. Peninsula, Barcelona. 1973 p 21

[14]  Aron, Raymond. Las etapas del pensamiento sociológico. Siglo XXI, Buenos aires. p 261

[15] Fontana. Op, cit p 105

[16] Duby, G. Op, cit p 10, 11

[17] Febvre, L. Op, Cit. p 56

[18] Timasheff, N.  Op, cit. p 19

[19] Braudel, F. Op, cit. p 74

[20] Duby, G. El Domingo de Bouvines. Alianza, Madrid. 1988 p 17

[21] Braudel, F. Op, cit. pgs 115,116

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