Gloria Quintero Rojas

¿QUE SE ENTIENDE POR MEDIOEVO?

En sentido amplio, se entiende por Medioevo el período comprendido entre la declinación del Imperio Romano y lo que equívocamente se denomina Renacimiento. Equívocamente, porque el Renacimiento no es un período histórico, es una expresión cultural que se inscribe en una temporalidad que, algunos historiadores, han acordado  denominar formación del mundo moderno.

Ahora bien, la declinación del Imperio se suele fechar en el Siglo V cuando los pueblos germanos se asentaron en tierra romana. De acuerdo con el historiador belga H. Pirenne, el emperador gobernaba un territorio que tenía sus propios monarcas, gobernaba nominalmente un pueblo ajeno que no lo reconocía porque, efectivamente, se trataba de pueblos que se desplazaban con mujeres, niños y reyes, llevando consigo  sus formas culturales (porque la cultura no se reduce a los bienes materiales), hasta encontrar sitios donde asentarse; es posible que el territorio no les perteneciera pero se reconocían como Visigodos, Ostrogodos, Suevos, Burgundios, Francos, Anglos y Sajones. (mapa 01)

Cuando se habla de cultura, se piensa en la cultura grecorromana y cuando se piensa en los germanos se habla de bárbaros,

“Para los sentimientos de los exhumadores de la antigüedad clásica, los germanos extranjeros, situados fuera del ámbito de la elevada cultura romana, eran enemigos y destructores de la civilización”[1].

Los exhumadores de la cultura clásica, no eran otros  que los humanistas del Siglo XV quienes, entre más se aproximaban   a  los textos de la antigüedad, más responsabilizaban a los intrusos de la destrucción del idealizado imperio.

“Cuanto más sublimes eran las obras que iba desenterrando el interés recién  suscitado hacia lo clásico, tanto más enemigos de la cultura se juzgaba a la sazón a los vencedores germánicos. La fantasía fácilmente inflamable de los meridionales con su entusiasmo tan propenso a exageraciones extáticas no acertaba a explicarse – en aquellos tiempos incapaces todavía de comprender la idea de una continuidad histórica- el tránsito de la antigüedad a la dominación germánica de otro modo que en forma de un cataclismo, de una destrucción violenta del mundo romano, al que imaginaban intacto hasta aquel momento funesto. De la decadencia del romanismo se hacía responsable a los germanos en general, o a los godos, como decían los humanistas italianos. A la nueva moda artística, inspirada en los modelos de la antigüedad, le parecía barbarie gótica todo lo que se apartaba de sus modelos admirados”[2].

Sin embargo, los pueblos germanos procedentes del Este, habían entrado en Alemania varios siglos antes de la llegada de los romanos, lo que implica que cuando estos arribaron encontraron una agricultura que no se limitaba al uso de la azada sino que, además, empleaban bueyes; así mismo, se dedicaban al cultivo de los cereales y al pastoreo. En estos términos la expansión germana no obedeció a una mera expedición bélica sino a un lento proceso de migración realizado por etapas.

Gústenos o no, la  Edad Media se construyó a partir del mundo germano,   separándose del mundo antiguo – grecorromano- pero siempre referido a el, con un elemento que sirvió como cohesionador de esa unidad que se fragmentó en mil pedazos; nos referimos al  Cristianismo, pues

“… todas las corrientes que, arrancando de la Antigüedad, del Cristianismo y del Germanismo, se mantienen vivas en  la Edad Media y la fecundan… la Edad Media se erige como un todo sobre estos tres elementos primarios, entre los que el tercero, el germánico, presenta como nota característica decisiva la capacidad para asimilarse todas las sugestiones de fuera, hasta sacar de ellas, a fuerza de un trabajo y una lucha incesantes, un mundo nuevo.  Surge así, al lado del universalismo romano, el universalismo germánico. Pero mientras que aquel imprime a todas y cada una de las cosas la forma inherente a su espíritu, lo que hace que sea tan claro, tan diáfano, tan sereno y tan tenaz en cuanto a su carácter, el hombre germánico se conmueve hasta lo más profundo de su ser por las sugestiones recibidas de fuera, por lo cual no se preocupa tanto de imprimirle la forma de su propio carácter como de esforzarse en refundir todos los elementos asimilados dentro de su propio espíritu”[3].

Curiosamente esa nueva forma cultural que resulta de la amalgama de lo romano con lo germano, vuelve a cambiar y a señalarnos nuevos tiempos con el resurgir, por tercera vez, de la cultura antigua, pero esta vez tuvo gran resonancia porque se sustentó en el mundo griego; de ahí que cuando se hable de Renacimiento se piense en las manifestaciones artísticas: literarias, pictóricas, arquitectónicas y escultóricas del Siglo XV; las referencias anteriores, solo alcanzaron la denominación de Protorenacimiento (para referirse al movimiento cultural de los siglos XII y XIII) y, de forma ligera, se habla del Renacimiento Carolingio. Dicho sea de paso, estos últimos se dieron en la tan mal afamada Edad Media.

La Edad Media no es homogénea, por el contrario, comprende períodos de decadencia en diferentes aspectos y de florecimiento en otros;  desde la perspectiva de su organización política, diferentes poderes se enfrentaron e incluso coexistieron, presentándose  situaciones como que

“pueblos germánicos enteros invaden los dominios del imperio romano y se instalan en ellos, la del reino franco de la migración de los Merovingios, la del imperio franco de los carolingios y por ultimo, los ciento cincuenta primeros años aproximadamente del  Sacro Imperio Romano Germánico. La gradual adaptación e incorporación de los pueblos germánicos a la gran órbita de la cultura occidental hace que este periodo de la historia política, periodo extremadamente agitado, revista también una importancia cultural decisiva…  advierte   también la decadencia  de las artes plásticas y la orientación hacia las artes ornamentales, o el predominio del campo frente a la ciudad, maduran y se desarrollan durante este periodo. La fusión de elementos germánicos y romanos conduce ahora a toda una serie de creaciones nuevas en la organización del estado y la sociedad, en el mundo del pensamiento y los sentimientos. Finalmente, se plantean al hombre occidental problemas nuevos, el más importante de los cuales es la reglamentación de las relaciones entre los poderes eclesiástico y secular, entre el pontificado y el imperio, problemas que acaban creando una tónica nueva y empujan hacia el segundo período de la Edad Media”[4].

Este conjunto de situaciones históricas tienen lugar durante el período denominado Alta Edad Media[5], y ya vemos su complejidad aunque, en una mirada simplista, se ubique en un ámbito temporal que reciba el calificativo, nada halagador, de época oscura con el que se conoce toda la Edad Media.

Indudablemente, durante largo tiempo, el mundo romano o lo que quedaba de el, apenas se preocupó de asuntos  del espíritu,  del arte o del conocimiento,

“Durante la primera etapa de este período, el mundo romano hallábase  manifiestamente dominado, como era lógico, por un espíritu de senectud, por una tónica de desesperanza, propia del anciano que solo espera ya que todo termine”[6].

Pero no todo fue caos en este período, recordemos a Carlomagno,  quien  no solo se preocupó de dar certeros golpes militares contra los avaros, los musulmanes y todo el que se opusiera a la idea de construir un vasto imperio, en la añoranza del antiguo imperio romano. Carlomagno se coronó emperador en el año 800 (imagen 01)

“… y desde entonces el nuevo augusto fue reconocido como el hijo predilecto de la Iglesia, su brazo armado y el restaurador de la antigua grandeza romana”[7]. (mapa 1)

Carlomagno no fue un emperador cualquiera, se interesó por culturizar su corte, por recuperar la cultura antigua y en esta empresa se ayudó de Alcuino, monje inglés que llevó a su corte,

“… hizo reunir el derecho consuetudinario de todos los pueblos que estaban    bajo su soberanía y ponerlo por escrito. Igualmente hizo transcribir las antiguas canciones alemanas, en las cuales estaban narrados los hechos y las luchas de los antiguos reyes, y las transmitió a la posteridad. También hizo emprender una gramática de su lengua materna”[8].(imagen 02)

  El Siglo X presenció la extinción de las dinastías carolingias, en los tres grandes sectores que los nietos de Carlomagno habían dividido el Imperio, (mapa 2),  presencio también el nacimiento     de las monarquías feudales, la tierra como fuente de poder económico, político y social; en definitiva, asistie ó al nacimiento de lo que Georges Duby caracterizó en su libro “Los tres órdenes y lo imaginario del Feudalismo”: los laboratores, los bellatores y los oratores; el campesinado, la nobleza y el clero unidos  en relaciones de interdependencia en una pirámide social. Al producirse  la reactivación de las ciudades y de la actividad comercial, a esta triada se incorporó el burgués, originariamente habitante del burgo.

Con esta consolidación de actividades paralelas a la agricultura y ante la presencia de unos hombres que sustentaron su poder, no en la tierra sino en el dinero, podemos hablar sin temores de La Baja Edad Media.

Esta nueva cara del largo período que hemos englobado en el término Edad Media no tiene ya nada de oscura, es un renacer económico y cultural;  el hombre inscrito en este florecimiento se sabe capaz de transformar el mundo en el que habita, se asume como  copartícipe de la obra de la creación

“Aquí, frente al perfeccionamiento de las técnicas, a la obra de los roturadores que gana terreno sin cesar, nace la idea de que la civilización crece como una planta, que cada generación toma de manos de su predecesora la tarea y que debe acercarla más a su terminación. Se trata de una completa inversión en la visión de la historia de la humanidad. Esta deja de ser considerada, de manera pesimista, como un proceso de corrupción inevitable; por el contrario, se muestra como una conquista, cambia de sentido; su evolución, que a partir de entonces es paralela a la de la historia de la salvación, ya no parece conducir inexorablemente hacia la decadencia, sino que asciende de época en época, de escalón en escalón, hacia una mayor perfección”[9].


[1] Dopsch, Alfons. Fundamentos económicos y sociales de la cultura europea (de Cesar a Carlomagno). FCE, México 1986, p 20

[2] ídem p 20

[3] Buhler, Johannes.  Vida y cultura en la Edad Media. F.C.E. México  1977, p 27.

[4] Idem p 77.

[5] Aunque algunos autores prefiere referirse a ella como Temprana Edad Media, y dejan la denominación de Alta Edad Media para el periodo que se inicia con la disolución del imperio Carolingio, hasta el siglo XIII, momento en que se vislumbran cambios significativos que prefiguran el mundo moderno.

[6]Buhler. Op, cit p 78

[7] Romero, José Luis. La Edad Media..F.C.E. México, 1997 p 41

[8] Braunfels, Wolfgang.  Carlomagno.  Salvat, Barcelona  1986 p 82

[9] Duby, G.  El Renacimiento del siglo XII. En: El amor en la Edad Media y otros ensayos. Alianza, Madrid 1988 p 161

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Esta entrada fue publicada en noviembre 3, 2012 por .
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